Jorge González Durán
La jiribilla
Quintana Roo: la construcción del futuro
Quintana Roo nació como estado libre y soberano el ocho de octubre de 1974, en una época de transición y de revaloración de paradigmas, de concepciones políticas tradicionales y de modelos económicos que estaban llegando a su caducidad.
Terminaba una época de ilusorias certezas, y se iniciaba otra de grandes expectativas.
La revolución científico-técnica deslumbraba por sus avances, pero también existían enclaves donde el hombre apenas comenzaba a vislumbrar que podía escribir su propia historia.

México llegaba a la culminación de las grandes reformas impulsadas por el ideario de la revolución mexicana, y se iniciaba otra donde ya se sentía el peso de la globalización económica que a muchos académicos y políticos seducía y que otros miraban con recelo y temor.
En el nuevo contexto nacional que ya se esbozaba, el Caribe sólo era una metáfora, sólo era una referencia retórica, sólo era una alusión circunstancial.
Pero el Caribe allí estaba, con su fulgor, con sus grandes perspectivas.
Y el Caribe mexicano era esta tierra que durante 72 años –desde el 24 de noviembre de 1902 en que surgió como territorio federal- ya pugnaba por tener un espacio propio en el tiempo mexicano.
Aquí, en el Caribe mexicano –mar y selva en la periferia del México de entonces, todavía con fuertes resabios centralistas- existían hombres y mujeres dispuestos a hacer sentir su voz, su presencia y su reclamo.
El reclamo era el del autogobierno. La voz era la de un pueblo construyendo su identidad a golpe de esfuerzos y de sacrificios. La voluntad era la que tenía sustento en una historia forjada en la lucha por la sobrevivencia. La presencia era de generaciones entrelazadas para definir un rumbo.
Esta voz se hizo escuchar con respeto, con paciencia, con la argumentación irrebatible de haber hecho de esta tierra cuna, ancla, pedestal y destino final de abuelos, padres, hijos y nietos.
Los mayas fecundaron esta geografía con su resistencia y con su sabiduría. Su legítima aspiración de autonomía fue definiendo un mapa de resistencia cultural que es el antecedente del Quintana Roo que nació como territorio federal en 1092, y que hoy es la tierra que amamos y que defendemos con el valor de la paciencia y la fuerza de una razón que anida en alguna vertiente de la utopía que todos llevamos dentro.
Aquí, a esta tierra, llegaron nuestros antepasados, con la insomne mirada y la certeza de haber llegado a la tierra donde forjarían su nuevo destino.
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