Borge no estuvo sujeto –por cooptación, léase dinero, o por temor, léase amenazas abiertas o veladas- a un escrutinio público de sus actos de gobierno. Los partidos que debieron ser de oposición guardaron cauto y medroso silencio, así como la inmensa mayoría de la prensa.
Los dirigentes locales del PAN y del PRD que voltearon para otro lado con tal de no ver las tropelías de Borge, hoy tienen suculentas posiciones en el gobierno aunque se opusieron a la Coalición que llevó a la victoria a Carlos Joaquín González.
No hay que olvidar que la Alianza electoral, que a la postre resultó ganadora por el hartazgo de la sociedad, se tuvo que pactar en la capital del país por las dirigencias nacionales de ambos partidos. A la prensa, se dice, ya no se le paga para que hable bien del gobierno ni para que se calle la boca ante presuntos errores u omisiones.