Córdova, el conquistador

José Enrique Velasco

Ad-Ephesios

Córdova, el conquistador

En una encuestita ligera de Facebook, se preguntaba la semana pasada si el presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, debía renunciar a su cargo después de haber emitido su burla y desprecio hacia los indígenas mexicanos, a través de una conversación telefónica hecha pública. El porcentaje era abrumador, más del 90% decía que debía renunciar.

Este hecho de humillación y racismo acendrado en contra de los indígenas mexicanos, esta aversión subconsciente metida hasta la médula de la clase media de este país en contra de las etnias y de los más pobres, me recordó un pasaje narrado por el Padre Tomás Gerardo Alláz,  en su programa ‘Hoy, el Hombre’ de Radio UNAM, allá a mediados de los setentas.

Para reforzar la tesis de ese odio soterrado del mexicano medio en contra de los indios, el Padre Alláz narró un hecho que podríamos señalar como simbólico. El equipo mexicano de futbol fue a jugar a Haití el partido decisivo para poder tener un lugar en la copa mundial de 1974, al cual llegaron llenos de confianza ya que se enfrentaban a un equipo amateur y lleno de negros.

Desde el momento que los mexicanos llegaron al pobre estadio, una multitud de haitianos –alrededor de 15 mil asistentes- comenzaron a gritarles “¡indios, indios!” y no dejaron de hacerlo durante todo el partido. La flamante selección azteca se vio tan abrumada que no pudo ganar y no fueron a ese mundial que fue celebrado en Alemania.

Faltarían muchos más elementos de análisis para hacer un estudio metodológico, serio, ‘científico’ y poder demostrar que dos horas de racismo beligerante y ruidoso de miles de negros haitianos, bastaron para que los mexicanos no encontraran el camino a Alemania.

Lo que sí se demostró en dicho lance fue que este mexicano medio, que tenía su pase asegurado a la gloria, no pudo hacer nada cuando fue discriminado y tratado de indio. Pero esta historia, tiene historia.

Allá por el siglo 18, el naturalista y escritor francés Jorge Luis Buffon, conde de Leclerc, en su obra ‘Historia Natural’, sostuvo las tesis de la inferioridad de la naturaleza, el clima y también los habitantes de América. Estas ideas recorrieron toda Europa y se dieron por verdad. En pocas palabras, los indios americanos eran nativos degenerados, envilecidos, débiles y afeminados. Su clima era húmedo, sumergido en marismas y cubierto de pantanos.

Cito un fragmento textual de la Historia Natural de Buffon:

“Al indio americano le falta cabello y barba y ardor sexual hacia su hembra. Es más ligero de pies que el europeo, pero mucho más débil de cuerpo; es menos sensible, pero al mismo tiempo más temeroso y cobarde. Si se le quitan el hambre y la sed, se le habrá suprimido el principio activo de todos sus movimientos (…) A los indios les falta ardor por sus mujeres y por consiguiente amor a sus prójimos. Su amor a sus padres e hijos es débil. Esta indiferencia ante el sexo femenino es el mal original que marchita la naturaleza, le impide florecer y, al destruir los gérmenes de la vida, simultáneamente socava las raíces de la sociedad”.

Esta tesis de la degeneración del indio americano y del continente en el cual él habitaba, es la primera visión rigurosamente científica sobre el indio, dice el historiador e investigador mexicano Elías Trabulse, en su texto ‘Los orígenes científicos del indigenismo actual’, contenido en el libro ‘Cultura y Derecho de los Pueblos Indígenas’.

A Buffon, le siguieron otros muchos detractores del indio americano y mexicano como el prusiano Cornelius de Pauw y el inglés William Robertson –los cuales nunca pisaron América- y quienes deploraban el nivel intelectual y espiritual de los nativos americanos con argumentos falaces e ideas extravagantes saturadas de términos peyorativos.

En su defensa salieron mentes preclaras como el padre jesuita Francisco Javier Clavijero o José Antonio Alzate, polímata y sacerdote, quienes no sólo defendieron a los indios mexicanos sino que demostraron que estos poseían códigos morales, leyes, instituciones y eran capaces de abstracciones mentales ya que habían creado un calendario, sabían matemáticas y utilizaban conceptos abstractos como el cero.

Trescientos años después, Lorenzo Córdova es el fiel representante de aquella ignorancia añeja y apestosa y para muestra un fragmento de su ya famosa charla telefónica: “A ver, güey, te voy a decir cómo me hablaba…. Me decía: ‘Yo gran jefe nación chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti o diputados para nosotros o yo no permitir sus elecciones’.

Y resulta que este sinvergüenza se siente tan agraviado que va a interponer una denuncia para que castiguen a quien hizo pública su estupidez y racismo.

Correo: e_velasco_g@hotmail.com

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