José Enrique Velasco
Ad-Ephesios
El botín votante
El club de alegres políticos sale a ‘pescar’ mayores flujos de votantes y entonces el INE inventa una reunioncita camaral, binacional, sin poner mucha atención en las asimetrías existentes entre el acarreado-maiceado-descreído votante mexicano y su primo, el gringo, que va a las urnas cobijado en la convicción de que su voto ejerce la mejor democracia hasta entonces conocida.
La semana pasada se dio el Foro “La Emigración en el Debate Político de Estados Unidos. Implicaciones para México”, patrocinado por el INE y el Colegio de la Frontera Norte, en la ciudad de México. Ahí se dijo que los migrantes en el mundo superan los 214 millones de personas, de estos América Latina aporta el 27%, y de esta demarcación geográfica, México es el que más empuja para afuera a sus connacionales. Lo dijo Lorenzo Córdova, flamante consejero presidente del INE, Instituto Nacional Electoral.
Este flujo hacia la “tierra prometida”, no sólo ha causado enconos y odios y racismos en racimos (figura facilona) en contra de nuestros paisanos, también los vecinos han tenido que crear una serie de malabares legales para frenar los torrentes de tanto chahuistle.
El detalle de distinción fue dado, sin duda, por el investigador Tonatiuh Guillén, director del Colegio de la Frontera Norte, que pertenece al Sistema de Centros Públicos de Investigación del CONACYT. Aseguró que viven del otro lado 11.7 millones de mexicanos nacidos acá, que sus descendientes de primera generación andan en 11.6 millones –también mexicanos, por derecho- además de 10.5 millones que reconocen su ascendencia mexicana.
No más contenciones, somos una nación transterritorial, fenómeno que representa uno de los cambios sociales más importantes en la historia mexicana. Pero por otra parte, al incrementar la diversidad racial, Estados Unidos se vuelve un lugar más complejo, socialmente. De ahí que los dos países estén pensando cómo hacer para que esta millonada de personas, se transfiera en millones de votos, en legitimidad, en representatividad. El sufragio no termina en las fronteras.
El tema migratorio arranca en las necesidades primarias de millones de seres humanos, seguido muy de cerca por el coyotaje, la depredación, la violación, el asesinato, la impunidad, la conveniencia de un flujo controlado de mano de obra barata, los derechos humanos, el dolor, el vacío sepulcral de las leyes. Sin olvidar las charlas de café al más alto nivel.
Ante el desértico escenario de votos para los próximos comicios, ante la disyuntiva de crear los mismos falsos andamiajes para que nos comamos dicha le-gi-ti-mi-dad, el adelantado Córdova, los pútridos partidos, los babeantes orcos incondicionales y el multitudinario palerismo nacional se relamen los bigotes. A finales de este año se comenzará con la credencialización allende el Río Bravo: cada consulado mexicano va a regalar credenciales para que voten nuestros paisanos, los ya gringos.
¿A quién le irán a cobrar semejante sainete? Hagámonos de la vista gorda, la urgencia es que nuestros paisanos se sientan muy mexicanos, a gusto, guadalupanos, chivas, americanistas, con derechos propios en su tierra de templarios y zetas, lo que sea, pero que suba el mancillado ‘rating’: en 2006 votaron 36 mil y en 2012, solamente 43 mil paisanos gringos.
La historia no termina ahí. Los consulados mexicanos, vía la Secretaría de Relaciones Exteriores, vía la Secretaría de Gobernación, vía la inmaculada casa blanca mexicana….., crearán cuadros eficientísimos, Comités de Campaña, Juventudes Revolucionarias, niños prietos Verdes, novias bobas para candidatos, tamaaaales calientiiitooos en todas las plazas gringas para llevar jubilosos votantes. Las fuerzas de liberación vendrán del norte, puntualísimas, para el 2018.
Y que viva el PRI, compatriotas.
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