En 1643 un joven piamontés, Roberto de la Grive se embarca hacia los mares de sur en busca del Punto Fijo que supuestamente se encontraba en las islas Salomón en las cuales se encontraba el paraíso terrenal de donde fueron expulsados Adán y Eva y comenzaba el tiempo. Le llamaban la Isla del Día de Antes, se suponía que al llegar a ese punto podías retroceder en el tiempo. Eso daría un poder extraordinario a quienes descubrieran esa coordenada geográfica.
Al no existir una convención sobre las coordenadas geográficas el meridiano cero era fijado arbitrariamente así que habría que saber en dónde se había trazado el punto cero al usar un determinado mapa para poder llegar al lugar referenciado. Esto traía confusión y era casi imposible ubicar los lugares remotos y desconocidos como la isla que contenía el secreto del Punto Fijo.
Este es el argumento de la novela de Umberto Eco, La Isla del Día de Antes (ED. Lumen 1994) situada en la época de la Guerra de los Treinta Años y una atmósfera de intrigas palaciegas y espionaje. En esa época la tierra había dejado de ser, para muchos, el centro del universo. Roberto trata de descifrar el secreto del Punto Fijo (lugar donde comenzó la creación según la Biblia). La novela sucede en un barco lo que le sirve al semiólogo (semiología es la producción e interpretación del sentido de los símbolos) para ilustrar, como lo hace en todas sus novelas, algún punto de sus teorías. En este caso en particular la semiótica (simbología) del espacio que es un objeto construido y que tiene relación con el tiempo, otro constructo (objeto conceptual).
Roberto de La Grive huye de una pasión amorosa (nos enteramos de su historia por las cartas de amor que le escribe a su amada durante el viaje) y de un doble que le acosa. Naufraga y encuentra otra nave después de flotar varios días a la deriva. La nave que esta desierta de seres humanos, la tripulación misteriosamente ha desaparecido, está llena de animales desconocidos, extrañas máquinas y artilugios, y muy cerca pero a la vez inalcanzable una isla de ensueño.
En este Mar de la Inocencia nada es inocente, Roberto lo sabe y el escritor plantea magistralmente el caos del mundo científico antes de la convención y el método científico. El caos geográfico y de los mapas se resolvió al adoptar un punto fijo, el meridiano de Greenwich como punto cero. Aunque esto no ha resuelto el poder viajar en el tiempo. Le recomiendo leerla querido lector.
La historia de la tierra se calcula tiene una edad de 4.5 mil millones de años. Para estudiar esta enorme cantidad de tiempo se ha dividido en eras geológicas (otra convención) que es una unidad geo-cronológica que dura millones de años de procesos geológicos y biológicos.
Actualmente nos encontramos en la era Cenozóica del periodo Cuaternario del Holoceno reciente (65 millones de años). En los últimos 50 años, una fracción insignificante si se compara con los 65 millones transcurridos, la acción del hombre ha sido tan determinante para afectar la velocidad de cambio del clima que algunos científicos liderados por el Premio Nobel en química del año 2000 Paul Crutzen (Holanda, 1933) han acuñado el término periodo Antropoceno para subrayar el impacto de las actividades humanas sobre los ecosistemas terrestres.
Algunos científicos lo sitúan desde la Revolución Industrial (1740-1840) pero William Ruddiman, paleo climatólogo americano lo sitúa con la aparición de la agricultura al domesticar los homínidos a las plantas hace 8 mil millones de años y cuando comenzaron los humanos a tener un impacto global en el clima y los ecosistemas.
Grabé una cápsula para Tercer Milenio TV de Jaime Maussan que se transmitirá el próximo domingo por canal 9 de 4 a 6 p.m. sobre el impacto de la deforestación en México, su impacto global. Los bosques regulan el clima, fijan agua al subsuelo, producen suelos, atrapan (secuestran carbono) CO2, y lo utilizan en la fotosíntesis que produce energía química (alimentos) y O2 que como subproducto liberan a la atmósfera. Esto porque al hacer el inventario forestal la FAO informó que en los últimos 15 años hemos perdido el 30% de la masa forestal de nuestro país, que equivale al territorio total de Costa Rica.
Este domingo pasado hablamos sobre la energía alterna y el retraso de las metas al respecto fijadas por la administración Calderón e incumplidas en la presente administración federal con un retraso del 5%.
Volviendo al Antropoceno los ecólogos Ripple y Dougthy (quien por cierto trabajó haciendo un catálogo de aves en las islas Salomón) lo sitúan hace 15 mil años debido a la cascada trófica que produjo la actividad de los grupos humanos en su actividad cazadores recolectores.
Situado como a usted más le guste querido lector lo que es cierto es que los seres humanos (Homo sapiens) somos una especie terriblemente destructora de ecosistemas. Hemos comenzado a depredar los sistemas arrasando con ellos como lo plantean las teorías de la NASA sobre la desaparición de las culturas griega y maya para poner un ejemplo.
http://ciencia.nasa.gov/science-at-nasa/2009/06oct_maya/
Tras la revolución industrial hemos los seres humanos contaminado el aire y el agua. El crecimiento exponencial de las poblaciones humanas y la necesidad de producir alimento (agricultura industrial) han producido la sobre explotación de acuíferos y la deforestación, el agotamiento de los suelos (pérdida de suelo). Este mismo crecimiento exponencial humano ha producido el cambio de uso de suelo para construir infraestructura humana: carreteras, puertos, ciudades y calles, hoteles, etc. y por tanto más deforestación.
El hombre es el agente determinante de la vida sobre la tierra dice en entrevista a AFP el geólogo francés Claude Lorius especialista en glaciares. Los seres humanos hemos modificado el clima, acidificado los océanos, erosionado los suelos y amenazado la biodiversidad, es decir el soporte de vida.
Lorius a sus 78 años es premio Blue Planet 2008, otorgado por la Fundación Asahi Glass de Japón, y dice que es inconcebible que los seres humanos no podamos poner de acuerdo para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera a pesar de la evidencia científica sobre su efecto en los mares y el clima. Él es el responsable de los estudios del clima debido a las burbujas de CO2 atrapadas en el hielo de los glaciares. Se declara pesimista por la manera como la humanidad se está organizando.
“Los científicos pueden demostrar que el planeta es uno e indivisible, que solo contamos con una atmósfera y un océano pero no pueden inculcar en el hombre el interés de conservarlos. Esto no es cuestión de ciencia sino de educación y valores (filosofía), remata Lorius, por ello me estoy convirtiendo en un filósofo y escribiendo un libro”.
Me pregunta Armando Díaz conductor de Futuro Cercano para nuestra cápsula para canal 9 de Televisa, si tengo esperanza en el futuro de la humanidad. Le respondo que como en una ocasión dijo el Capitán Cousteau ante esta misma pregunta, si lo veo con mi cabeza, no. Si lo hago con el corazón claro que sí porque conozco seres humanos valiosos ocupados en ello. Salvo su mejor opinión querido lector.
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