El optimismo con el que iniciamos el 2020 fue paulatinamente opacado por la incertidumbre y el miedo provocados con la llegada de la pandemia del nuevo coronavirus.
Parece tan fresco, parece que fue ayer, pero desde que surgió en China, esta pandemia lleva influyendo en nuestras vidas y comportamiento 14 meses
Hace un año veíamos muy lejos sus efectos, las advertencias de los especialistas eran apenas susurros que se dejaban de lado, hasta que tuvimos el primer caso y el manto de la incertidumbre y el miedo se tendió sobre nosotros.
El pavor por las consecuencias económicas, la incertidumbre si habría pronto una vacuna, los dramas familiares por los fallecimientos.
Antes de que los médicos consolidaran un esquema para enfrentar los estragos del mal en el cuerpo, hubo familias devastadas por el fallecimiento de los padres, hermanos, tíos, primas.
Una compañera periodista se quedó sin sus padres, una pareja de médicos que falleció en un hospital del IMSS en Cancún.
Con el tiempo, con una reeducación en materia de higiene y con las aceleradas investigaciones para encontrar una vacuna el optimismo fue ganando nuevamente terreno.
Ahora arrancamos el 2021 con la esperanza fortalecida por la decena de vacunas que empiezan a aplicarse en diferentes partes del mundo.
Los mexicanos somos afortunados por ser de los primeros en el mundo en acceder a vacunas elaboradas por los laboratorios de mayor prestigio.
Así, fortalecidos, con un creciente optimismo, sin dejar de lado lo que hemos aprendido en materia de higiene tenemos que seguir avanzando.
Batallando también contra el egoísmo que prevalece en algunos sectores que, como se ha denunciado, pretenden sacar provecho personal de las vacunas, poniéndose en la primera fila cuando no les corresponde.
A éstos, a los malos, hay que seguir denunciándolos.
Y mientras, los buenos a seguir remando hacia puerto seguro.