11. Los pioneros

Para algunos -como el investigador Alfredo César Dachary- una sociedad formada por inmigrantes puede al cabo de un tiempo consolidarse y dejar su etapa

pionera para iniciar un proceso de compactación. Sin embargo, dice, en Cancún la situación es diferente, pues, incluso, desde un principio los llamados pioneros, aquellos que llegaron casi igual que la maquinaria que se usó aquí, pintaron su raya.

Para ellos sólo 120 personas, los que llegaron en los primeros días de los trabajos, son los pioneros. Hasta diploma que acredita esa condición tienen. ¿Y los que ya estaban cuando ellos llegaron, que son?

Si bien la inmigración sigue, también se ve el fenómeno de la emigración, generando así una especie de ciclo trágico que no permite estabilizar a una gran parte de la población, especialmente capas medias y altas que ven en los problemas educativos de sus hijos y en otros conflictos un impedimento para seguir en la ciudad.

Sin embargo, a pesar de esa situación, existe una sociedad que va ajustando sus valores y cultura a un nuevo esquema, el de una ciudad moderna, turística y exitosa.

Aunque no hay una cifra precisa sobre el número de habitantes de Cancún, si se atendiera a la hipótesis de que por cada cuarto de hotel hay 15 habitantes, en estos momentos este centro vacacional, considerando que actualmente tiene poco más de 26,000 habitaciones- entonces había 390,000 habitantes, aunque muchos estiman que ya alcanza lo 700,000, por la gran población flotante con que cuenta, es decir, personas que sólo vienen a trabajar y los fines de semana regresan a sus lugares de origen.

La cantidad que sea no importa, sino lo importantes son todos los problemas sociales que la alta inmigración provocó en esta ciudad. Los inmigrantes al llegar atraídos por un mercado de trabajo permanente se convierten en demandantes inmediatos de satisfactores básicos: tierra, infraestructura urbana, vivienda y servicios.

Al llegar encuentran una ciudad totalmente rebasada en su vertiginoso crecimiento; una demanda insatisfecha de lotes con servicios, una oferta de vivienda fuera de su poder adquisitivo, producto de un mercado inmobiliario especulativo, etc.

Los rezagos sociales que este panorama plantea forman la enorme brecha que separa la pobreza extrema de los sectores marginados de la imagen física de abundancia del complejo turístico.

La experiencia humana de quien sale de madrugada de una zona sin luz, sin agua ni drenaje, transitando por un camino irregular a esperar un transporte para trasladarse a

la zona hotelera, donde labora en un ambiente de lujo, es impactante y no puede conducir al equilibrio.

El común denominador de los “cancunenses” es que están aquí por el trabajo, factor de atracción, arraigo y medio de aumentar ingresos a través de dobles jornadas que se convierten también en válvulas de escape frente a la falta de opciones para el empleo del tiempo libre.

La localización urbana de cada clase social limita su interrelación e incide también en esta problemática, que se traduce en falta de disposición a la convivencia social y aumento progresivo de actitudes sociales negativas.

En Cancún contrastan la adopción de costumbres importadas con el olvido de las tradiciones y en consecuencia la ausencia de identidad. La clase marginada contrasta su pobreza con la abundancia y el lujo. La clase acomodada con nivel de educación más alto encuentra satisfactores en su propio medio y se relaciona con los otros estratos únicamente en la medida en que representan fuerza de trabajo.

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