Púgils de espejo y sombra

Enrique Velasco

Ad-Ephesios

Púgiles de espejo y sombra

Cuando la percepción generalizada de la ciudadanía es de tensión, hartazgo, incertidumbre provocadas por la situación del país y exacerbada debido a las próximas elecciones, parece que los partidos políticos, en esta ocasión, no se tocan ni con el pétalo de un maguey.

Y no es respeto, no se trata de un pacto de caballeros, en el sentido estricto de la palabra, no podría ser. La caballerosidad, en aquellos tiempos heroicos de nuestros abuelos,  obedecía a códigos éticos, tácitas conductas que eran propias de aquellos  que se respetaban a sí mismos, que honestaban al contrincante y que obedecían las reglas del juego; no es el caso de estos partidos políticos, ni de sus actores. Miseria para las mayorías, riqueza para los compadres.

Ya todos saben que su interés no es el interés de los mexicanos. Regalan baratijas, se dan  abrazos con el populacho, se sacan muchas selfies con los ciudadanos más humildes, comparten sus rutilantes bodas con los indígenas -y por supuesto con televisa- y a seguir votando, pueblo. Y eso, no es respeto, es ultraje, es burla.

En este escenario de sangre y codicia lo que aparece es la traición al pueblo. Lo que prevalece –detrás de la rayita, que estoy trabajando- es el perro que no come perro, porque esta jauría de iguales en su versión más reciente de tricolores, verdes, azules o amarillos ladran al unísono: ‘no hagan olas, ‘ora que hay mar de fondo’. Políticamente correctos, sólo entre ellos.

Eran feroces las contiendas anteriores, todos contra todos, el despepite de máscaras y cabelleras, el fuego amigo amenazaba con aspavientos efectistas, maquillajes sobrecargados de gestos adustos, patrióticos, porrazos en el atril y manoteos para hipnotizar  las delicias morbosas del respetable y de la prensa especializada, pero en chayotes.

Ahora da la sensación de que falta aquella energía colmada de adrenalinas, ese dedo flamígero de ida y vuelta que acusaba desviaciones, anunciaba codicias y avaricias y tocaba llagas. No, esa bravura consensuada ya se fue.  Hoy, ni siquiera quedan rastros. La pasarela se derrama de payasos lacrimógenos, machos de a caballo, futbolistas, cantantitos y actorzuelos catapultados por televisa, bailarines de YouTube, sospechosos de asesinato y muchos otros coludidos con el crimen organizado en versión Vallejo-La Tuta y el encubrimiento de las “autoridades”.

El aparato de la política social como centro de inhabilitación nacional.

Esa combatividad sin tregua ya no pertenece a la noble escuela de políticos carroñeros y vengativos, acaparadores de poder y riqueza, avidez enferma pero muy bien protegida detrás del fuero y la curul, del hueso y compadrazgo, del Armani, el Luis Vutton y el Rolex. Del oropel, pues.

Manita de puerco y piquete de ojo, discursos que asomaban a héroes históricos y futuros prometedores, todo cabía en el ideal de las elecciones que eran propicias para crear una arena de lucha libre en donde las faramallas y poses dictadas por especialistas en relaciones públicas, se daban cita para convencernos de meter en las urnas el papelito cruzado y que siga el engaño de las elecciones, la buena vida y el negociazo para el selecto club de los púgiles de espejo y sombra.

Debilidad y complacencia de las flamantes instituciones, leyes flacas, confusas y aplicadas de maneras arbitrarias, mangoneo y acaparamiento de los recursos nacionales.

Contubernios y secrecía.

Poco a poco se pauperiza al país, los valores creados durante cientos de años comienzan a desdibujarse y los peor-pensados ya andan mascullando ideas de complots dirigidos allende la frontera para que los vecinos tomen posesión y control de los restos mexicanos.

Ya no se necesitan las elecciones –como punto culminante de la crisis- para darnos cuenta del desgaste del sistema, si es que todavía podemos pensar en algo que se asemeje a ‘un sistema’. Cualquier cosa que esto pueda significar.

Y si este ‘sistema’ no deja resquicios para la crítica y el club se emboza y acomoda en sus tenebrosas oscuridades, en sus máscaras de abnegados luchadores, es la prensa quien toma esas rendijas para acusar y hacer público lo que se esfuerzan por hacer privado. El bien de todos.

Que sepan que la sociedad está asqueada de ellos. Por el bien de todos.

Correo: e_velasco_g@hotmail.com

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