¿Transparencia o tranza recia?

Enrique Velasco

Ad-Ephesios

¿Transparencia o tranza recia?

Es común escuchar entre amigos, en charlas de sobremesa, leer en revistas especializadas, oír entre líneas en los noticieros, que el PRI a través de los muchos años de gobierno, creó un monstruo, un Frankenstein, una Hidra de mil cabezas y que ahora, o mejor dicho, desde hace muchos años no ha sabido cómo matar a su engendro. O cuando menos cómo apaciguarlo.

Ese monstruo fue creado paso a paso a lo largo de los años, cocinado lentamente en las oscuras mazmorras del oficialismo, alimentado por los caudillos que lo crearon y hoy amamantado por los cachorros y las juventudes ‘revolucionarias’ del partido. Herederos no sólo del adefesio sino también de los océanos de millones de pesos que este les ha traído en contubernios y negocios.

Hay los que creen que las mareas parecen estar cambiando tímidamente, gracias a la toma de conciencia de la sociedad civil y a la presión que esta ha venido ejerciendo sobre los órganos de gobierno. Estaríamos como el vigía del galeón, que intuye tierra sólo con ver gaviotas en altamar.

Es el caso de la reciente Reforma Anticorrupción. Más allá del club del aplauso mutuo, de las palmadas en la espalda y de la foto para el patrio recuerdo, se encima el insípido discurso oficial: “auténtico cambio de paradigma para combatir de manera frontal la corrupción, un paso histórico en favor de una nueva cultura de la legalidad”, y otra vez, “paradigma para el combate al cohecho, la extorsión y prácticas indebidas de parte de servidores públicos y particulares”.

Peña tiene que dar por sentado que el país vive en democracia –hasta que Michoacán, Guerrero o Tamaulipas demuestren lo contrario- al señalar que “la culminación de esta reforma es muestra de una nueva etapa de la democracia mexicana basada en el diálogo, la responsabilidad y los acuerdos”. Ante esta frase tan temeraria, baste señalar que los diputados –tan atareados ellos- solamente gastaron cuatro horas de diálogo y acuerdos para dar el palomazo. Luz verde.

La gente no cree en el combate a la corrupción priista, por qué habría de creer en Reforma tan pomposa, es la pregunta. ¿En verdad se trata de salir al paso de los actos de corrupción,  enfrentar los pecados que ellos mismos han cometido? Propiedades millonarias de contratistas de gobierno, conflictos de interés, uso indebido de bienes públicos, nombramiento de buenos amigos sin atribuciones para que fiscalicen los andares presidenciales. Y estas son las puntas visibles del mar de cloacas en que han convertido a México.

Esa gavilla de senadores que aprueba leyes ‘fast track’ –como la de anticorrupción- decide bajarse la dieta 100 pesos, por lo que cada uno está recibiendo desde hace tres meses 117 mil 500 pesos mensuales. En un gran esfuerzo, así calificó Emilio Gamboa, eliminaron bocadillos y vinos de honor que se sirven en eventos públicos, además de suspender el servicio de cafetería y el de fotocopiado. También los diputados le entraron desde abril a la austeridad republicana.

El organismo Transparencia Internacional lleva 20 años calificando y midiendo la percepción sobre el grado de corrupción que existe en el sector público en más de 170 países. Como ya todos sabemos, México ocupa el último lugar de los 34 países que conforman la OCDE y el lugar 103, de los 175 países calificados a nivel mundial. Obtuvimos 35 de 100 puntos posibles.

Alejandro Salas, director de Transparencia para el continente americano, explica que ya se ejercieron políticas anticorrupción en varios países latinoamericanos, pero como en el caso de México, no avanzan en los temas fundamentales. Y ejemplifica con el caso de Ayotzinapa y los 43 normalistas, asunto que evidenció “que la corrupción permite a las bandas criminales cooptar las instituciones públicas”. El poder judicial, preso y rehén del narco.

Y hablar de los beneficiados alrededor de estos suprapoderes, como el caso de Romero Deschamps –uno en miles-  es hablar de que la Reforma Anticorrupción será sólo un sinónimo de distracción si se detecta, se señala y se publica un acto de corrupción, sin que haya castigo, como es la costumbre. Mucho ruido, pocas veces.

Medidas efectistas que el ciudadano identifica como simple y llana corrupción, breves ejemplos aislados que retratan acciones de los tres poderes de la Nación y de sus clientes, y todos, metidos hasta el tuétano en el embarre de la cultura de la corrupción.

Correo: e_velasco_g@hotmail.com

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